Descubre cómo el atajacaminos tijera produce un fuerte "tk" al chocar huesos de sus alas durante exhibiciones reproductivas en Sudamérica.
Un pájaro nocturno de Sudamérica utiliza una estrategia poco habitual para conquistar hembras. Investigadores comprobaron que el atajacaminos tijera (Hydropsalis torquata) emite un fuerte “tk” cuando golpea entre sí los huesos de sus alas durante exhibiciones reproductivas. Además, documentaron otras señales acústicas utilizadas por la especie en persecuciones, vuelos y secuencias posteriores al apareamiento.
La investigación fue publicada en 2026 en Journal of Avian Biology y estuvo a cargo de Juan Ignacio Areta, del Instituto de Bio y Geociencias del Noroeste Argentino (Ibigeo-Conicet) y Christopher J. Clark, de la Universidad de California en Riverside.

Los científicos estudiaron una serie de comportamientos del atajacaminos tijera mediante videos infrarrojos de alta velocidad y registros de audio sincronizados. El trabajo de campo se desarrolló en las cercanías de Vaqueros, en la provincia argentina de Salta, entre octubre y diciembre de 2022. Las observaciones se realizaron en noches de primavera con presencia de luna, cuando la actividad de exhibición de los machos alcanzaba su punto más intenso.
Los autores registraron decenas de videos y grabaciones de ejemplares que permanecían en territorios definidos, donde realizaban cantos, exhibiciones y encuentros con otros individuos. El objetivo principal consistía en determinar qué parte del cuerpo producía los sonidos mecánicos observados tras el cortejo y cuál era el mecanismo físico involucrado.
Hasta ahora existían varias hipótesis. Algunas explicaciones atribuían el golpe al choque de plumas entre ambas alas. Otras sugerían que se originaba por movimientos rápidos similares a un aplauso o por el contacto entre distintas partes de las alas. Ninguna de esas posibilidades había sido comprobada mediante imágenes de alta velocidad.
Las filmaciones permitieron observar con precisión una secuencia repetida en las exhibiciones. El macho extiende las alas, realiza un salto corto y, cuando comienza a descender, eleva ambas extremidades de forma brusca. En ese movimiento, las muñecas —la zona articular de las alas— chocan por encima del cuerpo.
Los registros mostraron que el sonido aparece exactamente en el instante del impacto. Además, las imágenes permitieron comprobar que las plumas no llegan a tocarse en la maniobra. Los responsables del estudio tampoco observaron contacto entre las puntas de las alas ni entre las plumas secundarias.

A partir de esas observaciones concluyeron que el ruido se produce cuando los radios de ambas alas colisionan entre sí y vibran después del golpe. Esa vibración genera el característico “tk”, una señal acústica breve, fuerte y claramente audible. Este mecanismo se asemeja al identificado anteriormente en ciertas especies de saltarines del género Manacus.
El estudio identificó tres exhibiciones diferentes en las que los machos producen el mismo sonido mediante el choque de las muñecas:
Además del sonido principal generado por el choque de los huesos, los integrantes del equipo documentaron otras señales acústicas producidas por estos animales:
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